EL FEMINISMO ES EL PLAN DE LA BURGUESÍA FINANCIERA PARA LA ESCLAVIZACIÓN DEL RESTO DE LA HUMANIDAD.

EL FEMINISMO ES PARTE FUNDAMENTAL DEL PLAN DE LA BURGUESÍA FINANCIERA PARA LA ESCLAVIZACIÓN DEFINITIVA DEL RESTO DE LA HUMANIDAD.

jueves, 2 de septiembre de 2010

HIPERGAMIA

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¿Los hombres de Marte y las mujeres de Venus? El habitual discurso feminista suele ir acompañado de la convicción de que hombres y mujeres son exactamente iguales en el plano psicológico. Esta idea está fuertemente arraigada, hasta convertirse en artículo de fe. Es más, la mera insinuación de que existen algunas diferencias biológicas que afectan al comportamiento o a las facultades mentales se considera políticamente incorrecta. Las únicas explicaciones de las diferencias entre sexos que se consideran aceptables son aquellas que reconocen explícitamente que dichas diferencias son construidas socialmente y, por tanto, producto de una educación diferencial.
La negación de toda diferencia biológica entre los sexos resulta comprensible aunque equivocada. El arquetipo ha sido empleado muchas veces para justificar la discriminación y la opresión. Por supuesto, el tópico de que las mujeres sean en modo alguno inferiores no está fundamentado en modo alguno y es puramente ideológico, a la par de tendencioso. Es razonable que las feministas arremetieran contra este tipo de afirmaciones. La lógica reacción frente al tópico de que las mujeres y los hombres tienen diferencias (mentales) innatas ha llevado a afirmar que estas diferencias no existen en absoluto. El razonamiento es casi inevitable: primero, ha habido una discriminación histórica; segundo, el argumento de las diferencias se ha empleado para mantener el status quo, por tanto resulta deseable pensar que dichas diferencias no existen.
Y sin embargo existen. Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres han sido bien documentadas en Neurociencia, Genética, Psicología y Etnografía. Esto no implica que unos u otras sean mejores. Simplemente, hombres y mujeres son distintos, aunque no completamente distintos. De hecho, las semejanzas son mucho mayores que las diferencias, aunque éstas son significativas y afectan profundamente a nuestra vida diaria.
En términos evolutivos, el juego de la supervivencia no consiste solamente en mantenerse vivo sino también en reproducirse eficazmente; los humanos somos una especie de reproducción sexual, lo que nos obliga a buscar necesariamente una pareja. Claramente, la elección de ésta tiene importantes repercusiones en nuestra vida diaria y en el futuro de nuestros genes. La Biología Evolutiva predice que es en esta área donde esperamos encontrar mayores diferencias en el comportamiento de los sexos, ya que la estrategia reproductiva óptima de los hombres no tiene porque ser la misma que la de las mujeres (más en: http://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/05/13/patos-contra-patas/).
Una diferencia que ha sido bien documentada es que las mujeres suelen dar mucho más importancia a las perspectivas económicas (o de forma más general, al estatus) de sus potenciales parejas, mientras que los hombres dan mucha más importancia a la edad y al aspecto físico (1). Esta afirmación ha sido contestada con particular virulencia, tal vez porque se parece demasiado al viejo cliché. No obstante, a los argumentos de los críticos, los psicólogos evolucionistas han contestado con datos y más datos. Por ejemplo, algunos sociólogos sostuvieron que el mayor énfasis que las mujeres ponen en el dinero se debe exclusivamente al hecho de que su situación financiera es, en general, peor que la de los hombres, por lo que esta diferencia entre sexos no sería tal, sino sólo un reflejo del deseo de riqueza común a hombres y mujeres. De ser cierto este argumento, las mujeres con elevada posición económica deberían tener menor interés por las perspectivas financieras de sus parejas que las mujeres con bajo nivel económico. Sin embargo, los datos indicaron exactamente lo contrario. Las mujeres ricas le daban más, y no menos, importancia a la cuenta corriente de su potencial marido.
La última pieza de evidencia experimental en esta polémica la han puesto Thomas Mollet y Daniel Nettle, en un artículo publicado este mes en Biology Letters (2). Estos investigadores escogieron un “modelo experimental” sumamente original: la sociedad estadounidense en torno a 1910, de la que disponían de abundantes datos históricos. En aquella época, los estados de la costa Este llevaban siglos colonizados, mientras que la costa Oeste constituía –como reflejan las películas- una “frontera”. Al Oeste acudían los jóvenes –mayoritariamente hombres- en busca de mejores oportunidades, creando así un exceso de población masculina, mientras que en el Este ambos sexos estaban representados de forma similar. Los autores del estudio razonaron que esta circunstancia afectaría al “mercado matrimonial”, ya que las mujeres tendrían mayor posibilidad de elección en el Oeste.
Los investigadores bucearon en los datos demográficos y eligieron una muestra aleatoria de unos 20.000 hombres (1 cada 250). Luego, clasificaron a cada uno según su estatus socioeconómico (empleando una escala establecida en 1950, la más próxima que pudieron obtener). Finalmente, registraron si los sujetos de su estudio estaban casados o no a la edad de 30 años.
En los estados donde había la misma proporción entre hombres y mujeres, el 56% de los hombres de bajo estatus estaban casados, frente a un 60% en el grupo de alto estatus: una diferencia no demasiado grande. Sin embargo, en estados sexualmente desquilibrados (por ejemplo, en Arizona había 10 hombres por cada 11 mujeres) las mujeres se volvieron mucho más selectivas: el 46% de los hombres de alto estatus se había casado, pero sólo el 24% de los de bajo estatus lo había hecho.
Admito que el experimento es ingenioso y los datos parecen contundentes: tener alto estatus favorece tus perspectivas matrimoniales. No obstante, me gustaría testar otros posibles criterios de elección. Por ejemplo, si pudiéramos clasificar a la misma muestra de hombres en guapos y feos, ¿qué porcentaje de ambos grupos estarían casados a los 30?
 (1) Buss, D.M. (1989) “Sex differences in human mate preferences: evolutionary hypothesis tested in 37 cultures” Behavioral and Brain Sciences 12:1-49.
(2) Pollet, T.J. and Nettle, D. (2007) “Driving a hard bargain: sex ratio and male marriage success in a historical US population” Biology LettersOnline:Dec 2007.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como te lea el comentario la progresía igual te meten en la cárcel por machista.
Estoy de acuerdo con lo que expones, sociológicamente debe estar comprobado y si no lo está nada más hay que estudiar a los amigos y conocidos nuestros y sacar las conclusiones.

Anónimo dijo...

Pues si te meten en la cárcel habrá que sacarte. Montaremos un comando para rescatarte. Hombre unidos, la revolución masculina está al llegar.